La reciente disculpa pública de Daniela Cilloniz a Maju Mantilla, luego de que le llovieran las críticas por insinuar un romance entre Fernando Díaz y la conductora de 'Arriba mi gente', en medio de la polémica con Gustavo Salcedo, ha puesto sobre la mesa un tema clave en la vida cotidiana: la culpa y cómo esta puede afectar nuestro bienestar emocional. Más allá del espectáculo mediático, este episodio refleja una experiencia común para muchas personas: el peso de reconocer un error y la necesidad de pedir perdón.
Los especialistas en salud mental explican que la culpa, cuando no se gestiona adecuadamente, puede convertirse en una carga emocional que detona ansiedad, baja autoestima e incluso depresión. Sin embargo, también puede ser una oportunidad para reflexionar, asumir responsabilidades y dar un paso hacia el crecimiento personal.
El impacto de la culpa en la salud mental y las relaciones personales

La culpa es una emoción frecuente que, cuando se prolonga, puede afectar la salud mental y las relaciones personales.
La culpa es una emoción que prácticamente todas las personas han experimentado en algún momento de sus vidas. Aunque puede servir como una señal para reconocer errores y aprender de ellos, cuando se mantiene de forma prolongada se convierte en un peso emocional que afecta la salud mental. Diversos estudios indican que la culpa crónica está vinculada con síntomas depresivos, ansiedad y altos niveles de estrés.
Además, según un artículo publicado en Psicología y Mente, este sentimiento puede deteriorar la autoestima y generar conflictos en las relaciones, ya que muchas veces se proyecta en los demás lo que no se logra aceptar de uno mismo. En la vida cotidiana, la culpa también ha sido usada históricamente como una herramienta de control emocional, creando dependencia y sometimiento. Identificar estas dinámicas es el primer paso para evitar que la culpa dañe la forma en la que nos vinculamos con otros y con nosotros mismos.
Cómo liberarse de la culpa: estrategias psicológicas para sanar

Aprender a diferenciar entre culpa tóxica y culpa saludable es clave para el bienestar emocional.
No toda culpa es negativa: existe la culpa saludable, que ayuda a reconocer un error, pedir perdón y aprender de la experiencia. Sin embargo, la culpa tóxica es persistente, irracional y desproporcionada, afectando la estabilidad emocional y física de quienes la padecen. Distinguir entre ambas es clave para iniciar un proceso de sanación.
Entre las estrategias recomendadas por psicólogos se encuentran la terapia cognitivo-conductual, la autoobservación, la escritura terapéutica y el desarrollo de la empatía hacia uno mismo y hacia los demás. Practicar el perdón, tanto personal como hacia otros, permite dejar atrás la carga del remordimiento. Reconocer los errores, aprender de ellos y fomentar hábitos que fortalezcan la autoestima son pasos esenciales para romper el ciclo de la culpa y construir relaciones más sanas y equilibradas.