El caso de Melissa Klug y Jefferson Farfán vuelve a captar la atención mediática tras conocerse que la empresaria le pagaría 300 mil dólares al exfutbolista. Más allá de lo económico, esta situación abre el debate sobre un problema frecuente en muchas familias: cuando los intereses personales de los padres pesan más que el bienestar de sus hijos.
Expertos en psicología familiar explican que priorizar el dinero, la imagen o las disputas individuales por encima de las necesidades afectivas de los menores puede dejas huellas profundas en su desarrollo emocional. La falta de atención y apoyo genuino no solo afecta la autoestima de los niños, sino que también puede condicionar la forma en que se relacionen en el futuro.
Padres emocionalmente inmaduros: cuando los intereses personales pesan más que los hijos

La inmadurez emocional de algunos padres puede afectar el desarrollo y la seguridad emocional de sus hijos.
Durante la crianza, los padres son el principal referente del niño. Sin embargo, muchos adultos, por falta de educación emocional o por hábitos aprendidos, no logran priorizar las necesidades afectivas de sus hijos. La psicóloga Laura González Serna explica que en el pasado no se enseñaba a gestionar las emociones, lo que hacía más difícil alcanzar madurez en este aspecto. “Enamorarte, casarte y tener hijos era lo normal, pero sin un trabajo emocional de base, lo que limitaba la capacidad de transmitir equilibrio a los hijos”, precisa.
En ese contexto, los expertos subrayan que no existen “padres emocionalmente inmaduros” como categoría clínica, sino adultos con diferentes grados de inmadurez que, al convertirse en padres, arrastran esas carencias. La propia paternidad puede convertirse en una oportunidad para crecer, pero cuando esto no ocurre, las decisiones de los adultos suelen estar más orientadas a sus intereses personales que a las verdaderas necesidades emocionales de sus hijos.
Consecuencias de priorizar el dinero o los intereses propios sobre los niños

Priorizar los intereses personales sobre las necesidades de los niños genera conflictos en la dinámica familiar.
De acuerdo con la psicóloga Verónica Pérez Ruano, los progenitores inmaduros no logran ubicarse en su rol de padres, lo que los lleva a poner sus deseos en el centro y relegar las necesidades de los menores. “Se comportan como eternos adolescentes que no saben regular sus emociones, llegando incluso a ponerse al nivel de los niños”, advierte. Esta dinámica puede generar inseguridad, intranquilidad y problemas de conducta en los hijos, quienes no cuentan con límites claros ni modelos de referencia firmes.
La ausencia de autoridad acompañada de afecto tiene efectos directos en la salud emocional infantil. Los niños expuestos a padres que priorizan el dinero, el estatus o los conflictos personales sobre su crianza suelen desarrollar baja autoestima y dificultades para manejar la frustración. A la larga, esta falta de atención genuina debilita la confianza en la familia y repercute en la manera en que se relacionarán en su vida adulta.