En los últimos años, muchas personas han empezado a reconocer que se sienten más cómodas en la tranquilidad de su hogar que en medio de una reunión social. Para algunos, quedarse en casa no es sinónimo de aburrimiento o apatía, sino una forma de autocuidado, donde encuentran calma, privacidad y un espacio libre de juicios. Desde la psicología, se entiende que esta decisión no es extraña, sino que responde a factores ligados al bienestar emocional y la necesidad de reconectar consigo mismo.
De hecho, especialistas señalan que disfrutar de la soledad puede convertirse en una experiencia positiva cuando se elige de manera consciente. En ese sentido, esta tendencia no necesariamente indica aislamiento o problemas de socialización, sino una búsqueda de equilibrio entre la vida personal y las exigencias del entorno. La clave está en diferenciar entre un tiempo de calidad en solitario y un distanciamiento que pueda derivar en consecuencias para la salud mental.
La diferencia entre disfrutar de la soledad y el aislamiento social

Cada vez más personas eligen la calma de su hogar como un espacio de bienestar y autocuidado.
No todas las personas que prefieren quedarse en casa lo hacen por timidez o miedo. Según la psicóloga Virginia Thomas, de Middlebury College, existe la llamada “soledad positiva”, que representa una oportunidad de descanso, recarga de energía y organización interna. En este caso, quedarse en el hogar se convierte en un acto voluntario que potencia el bienestar emocional y no en un signo de apatía.
Sin embargo, expertos advierten que cuando esta preferencia deja de ser una elección y se transforma en una obligación o evitación constante, puede convertirse en aislamiento. La psicóloga y neurocientífica Julianne Holt-Lunstad ha demostrado que la “soledad crónica” tiene efectos adversos en la salud mental, generando sensaciones de alienación, depresión y pérdida de vínculos sociales. Por eso, recomiendan mantener un balance entre la vida social y los espacios individuales.
El papel de la ansiedad social y la era digital

La psicología explica que disfrutar de la soledad no siempre significa aislamiento social.
En algunos casos, la decisión de no salir está vinculada a la ansiedad social. El miedo a ser juzgado o no encajar en un grupo convierte los encuentros presenciales en experiencias estresantes. Por ello, para muchos resulta más sencillo y seguro evitar reuniones y optar por actividades que no requieran interacción directa, reforzando la idea de que preferir quedarse en casa no siempre es cuestión de comodidad, sino de protección emocional.

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A este escenario se suma el auge de la comunicación digital. Las redes sociales y plataformas de mensajería ofrecen un entorno controlado, donde las personas pueden regular la intensidad de las interacciones y “desconectarse” con un simple clic. Si bien este recurso puede servir como una herramienta para manejar la ansiedad, los psicólogos recuerdan que no debe reemplazar completamente el contacto humano, ya que las relaciones cara a cara siguen siendo esenciales para un desarrollo emocional saludable.