En una reciente transmisión en vivo, la hija de Richard Acuña contó que tuvo que hacer algunos cambios en su fiesta para asegurar la presencia del cantante colombiano Beéle. La celebración de sus quince años no solo llamó la atención por el despliegue y la participación del artista internacional, sino que también abrió un debate sobre la crianza y los límites en la educación de los hijos.
Psicólogos y especialistas en familia coinciden en que la educación de los menores no solo se trata de darles comodidades materiales, sino de establecer límites claros y saludables. En este contexto, surge la interrogante: ¿dónde está la línea entre consentir a los hijos como muestra de amor y caer en una dinámica que puede afectar su madurez emocional?
La importancia de mantener la autoridad frente a los caprichos

Los expertos señalan que poner límites claros es clave para evitar que los hijos se vuelvan dependientes de los caprichos.
Los niños saben perfectamente cómo llamar la atención de sus padres: desde llantos y gritos hasta berrinches en público. Estas actitudes, aunque comunes, se convierten en un recurso de manipulación si los adultos ceden con facilidad. Especialistas de Mejor con Salud advierten que decir “no” también es parte del amor y la educación, ya que enseña a los hijos que en la vida existen límites que deben respetarse.
Cuando los padres renuncian a su autoridad para evitar la vergüenza o la incomodidad, el mensaje que transmiten es que los caprichos funcionan como método de negociación. Esto no solo debilita el rol de los progenitores, sino que abre la puerta a comportamientos desafiantes que, con el tiempo, pueden volverse más difíciles de corregir. Ser firmes y consistentes es clave para guiar a los hijos hacia una convivencia sana y equilibrada.
Reforzar lo positivo y enseñar con límites claros

Cumplir todos los deseos de los niños puede afectar su desarrollo emocional y su capacidad para enfrentar frustraciones.
Educar no se trata únicamente de señalar errores, sino también de reconocer los buenos comportamientos. Valorar los gestos positivos, como pedir algo con respeto, compartir o mostrar esfuerzo en sus responsabilidades, ayuda a los hijos a entender qué conductas son las correctas. Este refuerzo no siempre necesita regalos materiales; una palabra de aliento o una muestra de afecto puede marcar la diferencia.
Los especialistas resaltan que combinar cariño con firmeza es la mejor fórmula para criar hijos responsables y emocionalmente estables. Si los padres ceden constantemente a los caprichos, corren el riesgo de formar pequeños tiranos incapaces de aceptar límites en etapas más críticas como la adolescencia. Por ello, establecer reglas claras desde temprana edad contribuye a que los menores aprendan a manejar la frustración y a convivir de manera respetuosa con los demás.